Estrellas en el techo

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Cúpula estrellada

de ventanas pequeñas

bebes luz al alba

el sol te despierta.

Por los huecos observas

el sol avanzar,

te refresca la nube

que se anima a pasar

y bebes con ansias

la promesa de libertad.

La Bóveda de Comares

tiene estrellas para mirar

el paso lento de la luna

y poderla acariciar.

Visita al Generalife

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Larga pileta que canta

canción de ternura al cielo,

le ha murmurado bajito

su más cándido deseo.

Las enredaderas miran

estremecidas de encanto,

los arcos se quedan mudos,

los pajaritos en blanco.

El amor puro del agua

eleva su trino al aire,

vibran la fuente , las plantas,

el corazón y la carne.

Tiempo para dar significado a la vida

freeimage-5332986 © Linqong  Dreamstime Stock Photos & Stock Free ImagesSiento que estoy en un momento especial de mi vida. Tengo tiempo para entender qué personas y qué cosas son importantes en este minuto. No es algo que me propuse hacer, no me veía en la necesidad, la verdad; ha sido como un regalo de la vida el tener tiempo para detenerme y mirar lo que tengo entre las manos.

Un año atrás, en esta misma fecha, anhelaba encontrar un rumbo en mi vida que le diera un significado más profundo, quería dejar las clases y los alumnos pensando que tenía que hacer otra cosa. La verdad es que es que el problema era otro: mi corazón andaba a la deriva.

En los últimos meses he aprendido a amar la vida que tengo y lo que hago. Antes no había amado así, por lo general me ocultaba tras los rígidos esquemas que me sostuvieron en pie, durante aquel tiempo en que mi vida caía a pedazos.

Tal vez sea la edad, la madurez o el amor que nuevas personas me han entregado y que he aprendido a recibir. Me siento afortunada de estar en donde estoy, con  la gente que me rodea y con la familia que me apoya.

Hoy sé que viviré de mis escritos, el camino dirá lo que hay que hacer y quiero escucharlo con cuidado. ¿Deseo algo en este momento? Seguir amando, seguir amando, seguir amando… lo que venga ha de resonar con ese amor.

Versión en Inglés

 

La aventura de crear

yama10Hace dos meses nació el Taller de Narraciones y Cuentos, que en realidad es casi un hijo de este blog, pero que descaradamente pretende enseñarle a la gente como escribir historias.

Más que enseñar, en realidad, lo que busca es animar a que otras personas se decidan a escribir, para que dejen en este mundo aquello que vive dentro de ellos: sus experiencias familiares, la sabiduría recogida en el camino, las anécdotas entre amigos, los aprendizajes de los viajes. Todo es válido a la hora de querer escribir historias.

En estos dos meses he aprendido mucho del mundo en internet y de las personas que quieren escribir, esto es más o menos como lo había pensado y en el balance puedo decir que estoy feliz con lo que he logrado.

¿Qué sigue? Trabajar en el sitio web y seguir escribiendo mis propios cuentos e historias, es mejor predicar con el ejemplo que con un pomposo sitio web. Siento también el vértigo de estar de pie al borde de un precipicio, llegué al límite de mis capacidades otra vez y me toca crecer. Pasé por esta experiencia cuando estaba en UK y fue agotador. Hoy me siento más preparada y, aún cuando estoy al borde y miro el lago que se abre inmenso ante mis ojos, tengo alas que crecerán a medida que vaya cayendo. Esta aventura me hará volar.

 

Paseos por El Bosque Silencioso

15-de-abril-de-2014-034He seguido el blog de Antonio Pavón Leal por más de tres años. Desde que decidí abrirme a la blógsfera e interactuar con otros escritores, El Bosque Silencioso ha sido un referente y compañero, por lo que me parece justo compartir la experiencia aquí, como asimismo una muestra de aprecio y amistad.

El blog de Antonio es muy variado, con distintas categorías que permiten al visitante dar largos paseos sin alcanzar a leer todo o sentirse aburrido. De una narrativa muy personal, como él mismo la define, el rasgo que más me ha llamado la atención es el uso cuidado del lenguaje: sin usar palabras rebuscadas, escoge el vocablo certero para construir sus descripciones y diálogos.

Mientras estuve en Inglaterra hubo momentos en que no lograba escribir en el blog. Tenía muchas razones para ello: la lucha de los dos idiomas en mi cabeza, las emociones encontradas en mi corazón, los libros que se me apilaban y que, si bien leía, no entendía bien, los compañeros de medio oriente con quienes no siempre congeniaba. En ese mundo intenso, la poesía me dio una tregua: me animé a escribir poemas al ver las fotos que Antonio subía a su blog. De hecho, en un solo día escribí alrededor de 30 poemas cortos – casi de niños – para muchas de las fotos que tenía en la categoría. Así inicié mis propios poemas, que se volvieron más rítmicos y de mayor extensión, alcanzando su mejor época tras el viaje a España.

Lo último que quisiera mencionar de este Bosque Silencioso es la incursión que está haciendo Antonio en la Auto-publicación. He adquirido ya sus dos libros In Illo Tempore y XXII Sonetos. Terminé el primero entre desayunos, pienso hacer lo mismo con el segundo y he decidido seguir sus pasos en Amazon Kindle. El Bosque Silencioso seguirá siendo un referente para mi trabajo.

Los invito a dar un paseo por este apacible y bien cuidado lugar de letras .

 

Visita a Bath

BathEsta es una ciudad muy antigua. Los romanos fueron los encargados de darle fama tras descubrir que había aguas termales bajo el suelo. Desde Roma extendieron sus caminos hasta la isla y construyeron templos y baños en honor a sus dioses, y en beneficio de la salud. Así existieron hasta que la decadencia pudo más, y casi desapareció lo que fue el inicio del concepto de Spa, como lo conocemos hoy.

Siglos más tarde, la ciudad volvió a surgir al construirse las casas de piedra casi blanca (hoy se ve más amarilla) y al ser el centro de reuniones sociales, para los más ricos de la ciudad y sus alrededores. Jane Austen describe en sus novelas algunas costumbres de la época: se viajaba a Bath para permanecer allá una temporada, en la que las damas y los caballeros salían a caminar y a pasear para “ver y ser vistos”, quien se preciara de cierto nivel social, tenía que ser visto en las Parades, anchas calles destinadas a los paseos de las damas con sus hermosos vestidos.

Luego volvió a decaer, cuando la socialité se trasladó a Londres y pasó a ser una ciudad tranquila. Hoy en día es una ciudad muy turística, digna de una visita de dos días al menos, con una hermosa Abadía, un puente que tiene tiendas a ambos lados, por lo que uno no nota que está cruzando el río. Gozan también de los Jardines Sidney, que le dieron el nombre a la ciudad Australiana, El Royal Crescent y el río, que se puede navegar tranquilamente y que permite ver otros rincones muy silvestres de la campiña Inglesa.

Viajé dos veces a esta ciudad, la primera vez me sentí como una turista que no habla inglés y que cierra la boca cuando ya le entraron moscas. La segunda vez planifiqué el viaje para recorrer sus calles, imaginar a las damas con sus vestidos, los carruajes con caballos y los sirvientes tras las grandes fachadas. Andaba cansada por esos días, pero al estar inmersa en un mundo tan bonito como antiguo me ayudó a reflexionar sobre mi vida, y, fue en el puente que decidí ser feliz, aprender a ser feliz otra vez si era necesario. Fue una de esas veces en que he pedido a Dios con total convicción lo que me pareció un derecho natural por existir. Ser feliz, ser feliz. La vida era tan distinta y tan cargada de emociones que no lograba manejar del todo bien, ser feliz me resultaba un desafío, un esfuerzo, pero en Bath comprendí que era una parte inevitable del existir que vale la pena.

Fue difícil seleccionar fotos para esta entrada. Opté al final por las más coloridas y originales, detalles de jardines, vitrinas, casas y una plaza. No hacen justicia a lo que hay allá, es un vistazo muy reducido. Que los buscadores les ayuden a descubrir la belleza que no he traído. Ojalá un día puedan estar allá, tal vez se sientan movidos a tomar decisiones importantes, háganlo.

Propuesta de doctorado

PhDHay lecciones que toman tiempo. La propuesta para hacer un doctorado en Birmingham necesitó dos años para mostrarme el valor de la perseverancia, lo poco que sé de lo mucho que amo, y lo oscuro de los miedos enraizados. Detrás de esos 24 meses que me tomó escribir 12 hojas de propuesta estaba el miedo a no lograrlo a tiempo. El alma, sin embargo, es resiliente y el amor la fortalece, tras vencer los temores pude enviar la propuesta – con varios errores que descubrí más tarde, eso sí – pero terminar el dilatado proceso fue un logro aliviador en sí mismo.

A medida que me esforcé por escribir, llegó la comprensión de lo poco que sé aún sobre language testing. Tan amplio es el conocimiento académico sobre este tema que me abruma el imaginar que me toca estudiar todo eso. Una parte de mí quiere arrancar y perderse en cualquier otro objetivo de vida. Pero en el momento que estoy lista para huir y perderme lejos, una hendija se abre en el fondo de mí y por allí surge una pregunta que me tiene buscando respuestas por meses. Esa pregunta se vuelve savia que nutre la paciencia para buscar, el anhelo de volver y el sentido para trabajar hasta satisfacerla. Sé tan poco, me confundo fácilmente y vuelvo todo el tiempo. Es inevitable.

Ese regreso constante me mantuvo dándole giros a la propuesta por dos años. La primera vez que intuí el proyecto de investigación fue un chispazo de ideas y procedimientos, para nada claros ni coherentes y no supe cómo sacar la idea adelante. La segunda vez que me senté a escribir la propuesta me ahogué en papers y en el formato, se complicó mi existencia con la bibliografía y otra vez quise salir arrancando, pero decidí darme más tiempo.

La tercera es la vencida. Dicen. Este verano me desterré a escribir. Dejé todo y a todos de lado y me llené de libros y apuntes. El proceso se volvió intenso, lento y profundo. Cada párrafo de la propuesta me llevó a escribir un capítulo olvidado de mí misma. A medida que avanzaba en las explicaciones para la investigación, iba creciendo y madurando emocionalmente. En dos meses pasé de niña soñadora a ser una adolescente de identidad confundida: ¿qué hago ahora, qué quiero hacer, quién quiero ser? Estas preguntas también surgieron de otras hendijas del corazón.

A principios de abril terminé la propuesta, la envié y pasó al olvido. Sólo ahora vuelvo a recordar el proceso y lo agotador que fue, proceso del que quería salir para encontrar mi propia vida y responder a otras dudas que no sean de language testing. Así queda el capítulo abierto: quiero tener un PhD un día, no importa cuando, no importa dónde, lo que tengo claro es que esta sed de conocimiento no va a saciarse con poco. Volveré a ella en su momento. O me hará volver antes, quién sabe.